sábado, 21 de abril de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
¿Qué significa ser salvadoreño?
¿Qué significa ser salvadoreño? ¿En qué dirección va nuestra patria? Me lo preguntaron y me declaré incompetente para responder. Eso irritó mi vocación científica y, en ejercicio mental mitad buceo sin escafandra, mitad harakiri, revisité ideas que se han ido sedimentando en mi memoria. Y en mi búsqueda del tesoro, montañas de guijarros aparte ¿propaganda, eslóganes?, he encontrado muy pocas pepitas de oro.
La propaganda ha calado tan hondo en nuestra médula que al definirnos abundamos en lugares comunes. Como el doctor Frankenstein, queremos insuflar vida a un cadáver mitológico, a un zombi mal llamado “cultura nacional” y derivamos hacia el feísmo, una “acultura” vulgar con muchos padres probables pero ninguno responsable. Esta bastardía se injerta, indolora, en consumidores que devoran todo lo foráneo que alivie su pena existencial. Pero hay síntomas de alguna conciencia de nacionalidad: sonreímos, cómplices, al leer “Poema de amor” de Dalton. Lloramos con el Himno Nacional. Lejos del terruño extrañamos la “Patria Querida”. Pero también hacemos tumulto para las compras de “Black Friday” y cenamos pavo en Thanksgivings. Ejemplos aparte, existe una idea colectiva pero subliminal que nos apelmaza a regañadientes en esta parcela de 20,000 kilómetros cuadrados.
Ortega y Gasset vio en el Estado un ente en metamorfosis continua, legitimado por un “plebiscito cotidiano”: El “sí” o el “no” de cada ser humano, cada día. “Sí” a respetar la ley, trabajar, pagar tributos, capear el temporal. Pero también el “no” de los apóstatas, de los evasores, de los migrantes que marchan en busca de pastos más verdes. Muchos, los más jóvenes y avispados se agitan, indecisos. El “País de la Sonrisa” es una colmena con más obreros que zánganos, pero donde decae la confianza en que la abeja reina merezca tanta entrega, sacrificio y laboriosidad. Se pueden soportar la carestía y las calamidades. “¡Sí se puede!” Pero no sin fe. Algunos sueños deberían volverse realidad para que la ilusión no fallezca y El Salvador necesita sobrevivir a su propio plebiscito cotidiano. El manifiesto diría: “Soy un ser humano. Estoy bien, Tú estás bien. Quiero ser libre y feliz junto al resto de la humanidad”. Parece redundante. Alguno diría “¡Aleluya!” Pero hasta eso hemos perdido, el reconocimiento de lo obvio. Ser persona implica solidaridad de especie, compromiso, un paquete de responsabilidades ¿qué tanto evadimos?, y no tan solo una lista de derechos que tanto demandamos.
Quien dio nombre a nuestro país nos dio el mantra perfecto: “Amaos los unos a los otros”. Amar exige compasión: no lástima sino compartir pasiones, tolerancia y paciencia, un “Mínimum Espiritual”. Hablar de amor en tiempos de depredación del hombre por el hombre suena ingenuo pero justo. En los momentos preapocalípticos los profetas alzaban su voz, llamando al arrepentimiento. No quedan profetas de verdad, por desgracia: no es profesión rentable o estimada en tiempos de agoreros baratos y mercachifles del espíritu. Pero amor y fe dan luz a la sabiduría, esquiva para los muchos que esgrimen argumentos de cajón, pero amante fiel de los pocos que luchan contracorriente para develar la verdad histórica que todos merecemos saber.
Pero estamos desmotivados, tristes. Lobotomizados, somos niños malcriados no aptos para el reparto de las cuotas de responsabilidad. Ignoramos el pasado y también fingimos que no vale la pena enamorarse del futuro.
Sueño con un camino para recorrerlo sin miedo a tropezar con el escepticismo ajeno. Ya estoy haciendo equipaje. Quiero viajar con mis compatriotas, mis amigos. Y quiero, cuando vuelvan a preguntarme qué significa ser salvadoreño, tener una respuesta creíble y enaltecedora. Así sea.
Saquen ustedes sus conclusiones.
Con afecto y respeto
Su amigo, el autor.
martes, 10 de enero de 2012
sábado, 3 de diciembre de 2011
SER LIBRES...
lunes, 10 de enero de 2011
jueves, 30 de diciembre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
Cuánta gallardía
Descender a la entraña ciega
De esta tierra
Inmensa
Y tan ajena…
Coraje cotidiano
Faena del minero
Valiente y solidario
Orgulloso
De ser chileno.
Tarea de gigantes
Arrancar minerales
De su tumba de tierra
Cavar laberintos
Sin miedo al miedo
De sentirse pequeños
En el abismo de piedra
De este planeta
Hermanos
Su pena es nuestra pena
Su lejanía nos mata
Pero allá
En lo profundo
En las vísceras de piedra
De la bestia inmensa
Entre sudor, lágrimas
Y oraciones
Su alma trasciende
Su mensaje llega
A los confines del mundo
Adelante
No desmayen compañeros
Hermanos chilenos
Ya llegan refuerzos;
Aire y alimento
Agua y consuelo
Besos de papel
Lágrimas de fuego
Desde arriba enviaremos
Cada día
Se los prometo
lunes, 23 de agosto de 2010
Rapsodia en Azul y Blanco
¡Eras tan joven, mi Patria,
Mi amada!
Aún bostezabas
―amanecer de tu existencia―
Entre cantos de gallos
Y estrépito de arados
Rasguñando La corteza de la tierra…
¡Cuán ajena eras
A devaneos perversos
A corrupciones innombrables!
¡A cuánta desolación
Y martirio
Te han sometido!
Siglos y siglos
De temblores, marejadas,
Pestes y guerra sin cuartel…
¡Tantos lutos superpuestos!
Hoy apenas te conozco
Perdida
En tus nuevos atavíos…
Testigo he sido
De tu carrera de trotacalles
De tu ascenso meteórico
Desde las veredas de mi campiña
Hasta los luminosos escenarios
La alfombra roja
Las pasarelas fantasiosas
En que hoy, impúdica, te exhibes.
Pero allá
En lo profundo de tu entraña
Allí
Donde se inventó mi hombría
Sé que tu hambre es por mi carne
Que tus humedades
Se destilan en mi nombre,
Ese nombre que tus labios musitan
En la plegaria de la posesión
Cuando rindes tu pudor
Sin vergüenza
Y de triste modo
En la incondicional entrega
De cada día.
Pero en mi íntima victoria
De saberte tan mía
Encontrarás también
El perdón
A tu depravada ligereza.
¿A quién señalar con el dedo acusador?
¿A ti, Madre Patria
Ingenua criatura
Esclava de su adicción
A las emociones fuertes,
A las pasiones proscritas
Por la natural decencia?
¿O acaso a los asexuados
Pero cultos y dilectos
Proxenetas
Que trafican a la luz pública con tus carnes
Al mejor postor?
¿O acaso apuntará mi dedo
Al augusto prohombre
Al pastor de pueblos
Que reduce a dineros
Y mercancías
Lo intangible,
Lo no contable,
La dignidad de esta raza
Que pariste en soledad?
Pidan perdón
Hijos de la Nueva Babel-Babilonia
Bastardos sin padre conocido:
Pidan perdón Ustedes
Los condenados a medrar
Entre cordillera y cerúlea marejada
En este hogar
Agreste y tierno a un tiempo:
Minúscula geografía
Altiva miseria
Sudor y sangre
Sonrisa sincera…
miércoles, 18 de agosto de 2010
lunes, 19 de julio de 2010
martes, 13 de julio de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
"He leído y releído su novela, en mi opinión es uno de los más elevados trabajos literarios que he leído de escritores de nuestra patria incluyendo literatura universal. Sus trabajos engalanan y nutren mi proyecto literario.
"En el Nombre de David" de Hugo Villarroel Abrego es una novela que se acomoda en los anaqueles de los estantes de la biblioteca universal... Sólo el castigo de una publicidad anémica haría de esta novela grande, una joya poco leída. Los que hemos tenido la ventura de conocerla nunca la olvidaremos, perentoriamente la recomendamos y nos vemos obligados a rendir justicia a un escritor de nuestro tiempo y a su obra. Una radiografía historica a la literatura salvadoreña, ya sea, a la pasarraya o detenidamente confirmaría que han sido pocos, pero muy pocos, los creadores que han logrado pasaporte universal, sin quitar méritos a algunos que se han quedado estrictamente a caminar por los andenes y jardines locales del reconocimiento. Hugo Villarroel Abrego se suma a esos pocos rompe fronteras, su temprana obra literaria tiene la capacidad de esa virtud.
"En El Nombre de David" ha sido escrita con conducta literaria, extraordinario estilo, tono apacible, opinión humana, trama universal que atrae al lector a un mundo que tiene espacio geográfico en cualquier parte del planeta y en cualquier pecho de quienes lo habitamos. Hugo Villarroel Abrego y su trabajo literario estan escribiendo su biografía trascendental.
Russo Dylan-Galeas
martes, 29 de junio de 2010
sábado, 26 de junio de 2010
Delicate one

viernes, 18 de junio de 2010
"He leído tus trabajos y te dejo una breve opinión.
"De los cuentos, creo que sabes que me gustan, si fuera de otro modo no te hubiera pedido permiso para subir a la revista algo de tu autoría. Me gustan mucho, al punto que no tendría empacho en compartir tus trabajos con los lectores de LetrA - Z cada vez que subes algo nuevo a tu blog. El Ángel de Praga estará en la edición del mes de Julio. Nuevamente te hago llegar mi agradecimiento
"De la novela... En verdad tu pluma es muy de mi gusto. Había leído antes En el nombre de David y me había causado una muy buena impresión. En esta llevas de muy buen modo una historia con muchas de las complejidades que caben en el ser humano, has sabido sumar las problemáticas y penetrar en los complicados recovecos de la persona donde el amor se anima a ser causa de las actitudes que llevan a actuar en consecuencia. Hay momentos en que puedo sentir lo que los personajes están sintiendo."
Gracias, Leonor, por tu finura y cortés atención a mi trabajo.
viernes, 11 de junio de 2010




