martes, 11 de septiembre de 2012
Escrito por Hugo Villarroel Ábrego Sábado, 08 septiembre 2012 00:00
domingo, 22 de julio de 2012
Amigos: Aquí publico mi más reciente editorial, "Para gobernar a los hombres". Espero sea de su agrado y motivo de reflexión. Julio 22, 2012.
Para gobernar a los hombres
“Para gobernar a los hombres y servir al Cielo, no hay nada mejor que la moderación... Por la moderación se puede ser generoso. Por la humildad se puede guiar al mundo.”
domingo, 15 de julio de 2012
sábado, 9 de junio de 2012
Editorial publicado en la Sección Opinión, página 25 de la edición del día sábado 9 de
La dinámica del perdón es compleja. Si los salvadoreños hubiésemos perdonado no seguiríamos de duelo, lamiendo nuestras heridas de guerra en público. Persisten dolor y rencor porque fuimos ingenuos al creer que era suficiente un “perdón y olvido” por decreto. Las partes en contienda han fracasado en mostrar verdadera contrición por los graves daños que se causaron entre sí y a las inocentes víctimas del fuego cruzado. No bastó la tregua militar, más el resultado de la fatiga y la falta de recursos para seguir combatiendo que de una verdadera voluntad de conciliar. Hoy, el reto es hacer honor a nuestra realidad histórica: cada quien reconociendo sus faltas, pidiendo perdón con sincera humildad y, en la medida de lo humanamente posible, reparando los daños, con promesa firme de no repetir la injuria. Pero conceder el perdón no implica impunidad sino más bien un cese de hostilidad o de emociones negativas, es dar la espalda al odio y al rencor en aras de dar oportunidad a una resolución justa y apegada a derecho de todos los conflictos de nuestro pasado.
¿Quién será el árbitro que garantizará la reparación de afrentas, la rehabilitación de ofendidos y la restauración de la autoestima de todas las partes? Los Acuerdos de Paz fueron la base conceptual para tal proceso, pero no más que una plataforma de lanzamiento: Dos décadas después, aún sin armas en las manos, muchos salvadoreños siguen en pie de guerra, víctimas de estrés postraumático, enfrentados entre sí y matándose a recuerdos, en duelo interminable. Nadie muestra clemencia ni se quiere recordar que tampoco es apropiado o digno hacer escarnio de aquellos que estén dispuestos a aceptar culpa y pedir perdón: esto sería venganza… Y la venganza bloquea el acceso a la empatía y la compasión.
Nos falta recorrer un largo trecho para estar a la altura de estas expectativas, pero no somos los únicos que han pasado por transiciones penosas hacia la paz, desde la discordia hacia la reconciliación. Contamos, para no desmayar en el camino, con el ejemplo edificante de pueblos que ahora prosperan en democracia, de naciones reunificadas, de holocaustos irrepetibles gracias a la expansión de la conciencia histórica de los seres humanos.
Somos falibles y capaces de lastimar. El perdón es expresión máxima de humanidad y todos esperamos ser dignos de él, por lo que la reciprocidad es fundamental para convivir dignamente. Hasta el infame Amon Goeth pudo “perdonar” las vidas de un puñado de prisioneros inocentes. Hoy, hay esperanza que en las mentes y corazones de nuestros jóvenes salvadoreños haya espacio y talante propicios para un futuro de fraternidad y tolerancia, es vital educar sus emociones. Demos el primer paso, aunque duela, aunque la pérdida haya sido devastadora. Así ganaremos el respeto de todos, aún de aquellos que se hacen llamar nuestros rivales… o enemigos.
sábado, 21 de abril de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
¿Qué significa ser salvadoreño?
¿Qué significa ser salvadoreño? ¿En qué dirección va nuestra patria? Me lo preguntaron y me declaré incompetente para responder. Eso irritó mi vocación científica y, en ejercicio mental mitad buceo sin escafandra, mitad harakiri, revisité ideas que se han ido sedimentando en mi memoria. Y en mi búsqueda del tesoro, montañas de guijarros aparte ¿propaganda, eslóganes?, he encontrado muy pocas pepitas de oro.
La propaganda ha calado tan hondo en nuestra médula que al definirnos abundamos en lugares comunes. Como el doctor Frankenstein, queremos insuflar vida a un cadáver mitológico, a un zombi mal llamado “cultura nacional” y derivamos hacia el feísmo, una “acultura” vulgar con muchos padres probables pero ninguno responsable. Esta bastardía se injerta, indolora, en consumidores que devoran todo lo foráneo que alivie su pena existencial. Pero hay síntomas de alguna conciencia de nacionalidad: sonreímos, cómplices, al leer “Poema de amor” de Dalton. Lloramos con el Himno Nacional. Lejos del terruño extrañamos la “Patria Querida”. Pero también hacemos tumulto para las compras de “Black Friday” y cenamos pavo en Thanksgivings. Ejemplos aparte, existe una idea colectiva pero subliminal que nos apelmaza a regañadientes en esta parcela de 20,000 kilómetros cuadrados.
Ortega y Gasset vio en el Estado un ente en metamorfosis continua, legitimado por un “plebiscito cotidiano”: El “sí” o el “no” de cada ser humano, cada día. “Sí” a respetar la ley, trabajar, pagar tributos, capear el temporal. Pero también el “no” de los apóstatas, de los evasores, de los migrantes que marchan en busca de pastos más verdes. Muchos, los más jóvenes y avispados se agitan, indecisos. El “País de la Sonrisa” es una colmena con más obreros que zánganos, pero donde decae la confianza en que la abeja reina merezca tanta entrega, sacrificio y laboriosidad. Se pueden soportar la carestía y las calamidades. “¡Sí se puede!” Pero no sin fe. Algunos sueños deberían volverse realidad para que la ilusión no fallezca y El Salvador necesita sobrevivir a su propio plebiscito cotidiano. El manifiesto diría: “Soy un ser humano. Estoy bien, Tú estás bien. Quiero ser libre y feliz junto al resto de la humanidad”. Parece redundante. Alguno diría “¡Aleluya!” Pero hasta eso hemos perdido, el reconocimiento de lo obvio. Ser persona implica solidaridad de especie, compromiso, un paquete de responsabilidades ¿qué tanto evadimos?, y no tan solo una lista de derechos que tanto demandamos.
Quien dio nombre a nuestro país nos dio el mantra perfecto: “Amaos los unos a los otros”. Amar exige compasión: no lástima sino compartir pasiones, tolerancia y paciencia, un “Mínimum Espiritual”. Hablar de amor en tiempos de depredación del hombre por el hombre suena ingenuo pero justo. En los momentos preapocalípticos los profetas alzaban su voz, llamando al arrepentimiento. No quedan profetas de verdad, por desgracia: no es profesión rentable o estimada en tiempos de agoreros baratos y mercachifles del espíritu. Pero amor y fe dan luz a la sabiduría, esquiva para los muchos que esgrimen argumentos de cajón, pero amante fiel de los pocos que luchan contracorriente para develar la verdad histórica que todos merecemos saber.
Pero estamos desmotivados, tristes. Lobotomizados, somos niños malcriados no aptos para el reparto de las cuotas de responsabilidad. Ignoramos el pasado y también fingimos que no vale la pena enamorarse del futuro.
Sueño con un camino para recorrerlo sin miedo a tropezar con el escepticismo ajeno. Ya estoy haciendo equipaje. Quiero viajar con mis compatriotas, mis amigos. Y quiero, cuando vuelvan a preguntarme qué significa ser salvadoreño, tener una respuesta creíble y enaltecedora. Así sea.
Saquen ustedes sus conclusiones.
Con afecto y respeto
Su amigo, el autor.
martes, 10 de enero de 2012
sábado, 3 de diciembre de 2011
SER LIBRES...
lunes, 10 de enero de 2011
jueves, 30 de diciembre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
Cuánta gallardía
Descender a la entraña ciega
De esta tierra
Inmensa
Y tan ajena…
Coraje cotidiano
Faena del minero
Valiente y solidario
Orgulloso
De ser chileno.
Tarea de gigantes
Arrancar minerales
De su tumba de tierra
Cavar laberintos
Sin miedo al miedo
De sentirse pequeños
En el abismo de piedra
De este planeta
Hermanos
Su pena es nuestra pena
Su lejanía nos mata
Pero allá
En lo profundo
En las vísceras de piedra
De la bestia inmensa
Entre sudor, lágrimas
Y oraciones
Su alma trasciende
Su mensaje llega
A los confines del mundo
Adelante
No desmayen compañeros
Hermanos chilenos
Ya llegan refuerzos;
Aire y alimento
Agua y consuelo
Besos de papel
Lágrimas de fuego
Desde arriba enviaremos
Cada día
Se los prometo
lunes, 23 de agosto de 2010
Rapsodia en Azul y Blanco
¡Eras tan joven, mi Patria,
Mi amada!
Aún bostezabas
―amanecer de tu existencia―
Entre cantos de gallos
Y estrépito de arados
Rasguñando La corteza de la tierra…
¡Cuán ajena eras
A devaneos perversos
A corrupciones innombrables!
¡A cuánta desolación
Y martirio
Te han sometido!
Siglos y siglos
De temblores, marejadas,
Pestes y guerra sin cuartel…
¡Tantos lutos superpuestos!
Hoy apenas te conozco
Perdida
En tus nuevos atavíos…
Testigo he sido
De tu carrera de trotacalles
De tu ascenso meteórico
Desde las veredas de mi campiña
Hasta los luminosos escenarios
La alfombra roja
Las pasarelas fantasiosas
En que hoy, impúdica, te exhibes.
Pero allá
En lo profundo de tu entraña
Allí
Donde se inventó mi hombría
Sé que tu hambre es por mi carne
Que tus humedades
Se destilan en mi nombre,
Ese nombre que tus labios musitan
En la plegaria de la posesión
Cuando rindes tu pudor
Sin vergüenza
Y de triste modo
En la incondicional entrega
De cada día.
Pero en mi íntima victoria
De saberte tan mía
Encontrarás también
El perdón
A tu depravada ligereza.
¿A quién señalar con el dedo acusador?
¿A ti, Madre Patria
Ingenua criatura
Esclava de su adicción
A las emociones fuertes,
A las pasiones proscritas
Por la natural decencia?
¿O acaso a los asexuados
Pero cultos y dilectos
Proxenetas
Que trafican a la luz pública con tus carnes
Al mejor postor?
¿O acaso apuntará mi dedo
Al augusto prohombre
Al pastor de pueblos
Que reduce a dineros
Y mercancías
Lo intangible,
Lo no contable,
La dignidad de esta raza
Que pariste en soledad?
Pidan perdón
Hijos de la Nueva Babel-Babilonia
Bastardos sin padre conocido:
Pidan perdón Ustedes
Los condenados a medrar
Entre cordillera y cerúlea marejada
En este hogar
Agreste y tierno a un tiempo:
Minúscula geografía
Altiva miseria
Sudor y sangre
Sonrisa sincera…


