martes, 22 de noviembre de 2005

EUREKA

















A todos aquellos que sueñan con un día conquistar la libre expresión de su mundo interior, a todos doy una cordial bienvenida. Me llamo Hugo Villarroel Ábrego, tengo cuarenta y un años de edad y soy médico de profesión, especialista en medicina interna, cardiologìa y ecocardiografìa, oriundo de San Salvador, El Salvador, Centro América.

He creado este blog como prototipo para una futura página web. Mi objetivo principal es dar a conocer mi trabajo literario, en especial una primera novela de ficción total, titulada "En El Nombre De David", autopublicada en mi país en enero del año 2003. Deseo además preparar el terreno para la segunda novela: "La Última Vuelta de Tuerca", un drama psicológico con tinte policíaco ya finalizado, aceptado para publicación en una muy importante editorial en lengua española y que será publicado el año 2007. En este momento estoy enfrascado en un tercer proyecto novelístico, una larga parábola sobre la traición: se titulará "El Círculo".

Como profesional de la medicina he dedicado años de mi vida a combatir el dolor y la enfermedad. En esa lucha he sufrido dolorosas derrotas pero he podido, también, gozar de muchas victorias. Todo aquel que vivencia tan de cerca la grandeza y la miseria de la vida y la muerte no puede salir ileso de tales trances: Hondas cicatrices me marcan, algunas de ellas han definido para siempre el curso de mi existencia que navega, desde un oscuro nacimiento del que no me queda memoria, hasta una inexorable desaparición física que cada vez me aterra menos.





Por eso tomé la decisión de escribir una novela. Estoy convencido que los mismos temores e idénticas ilusiones nos trascienden más allá de nuestro nicho físico, entretejiéndose nuestras conciencias, sueños -y pesadillas- en una gigantesca red invisible que nos vincula a todos a un nivel supraindividual, colectivo. Si pudiésemos seguir la urdimbre de esta maraña intangible y descubrir que del mismo barro primigenio hemos sido todos moldeados, entonces -solo entonces- habría una merecida oportunidad para nuestra especie de encontrarnos en un abrazo fraterno, indisoluble, más allá de las mezquinas diferencias que, en cuanto solo epidérmicas, no determinan la esencia de nuestros espíritus y conciencias.

Así, buscamos con afán la manera de alcanzar una felicidad que se nos antoja esquiva, pues no está al alcance de ninguno el poder manejar todas y cada una de las variables involucradas en la génesis y -más arduo aún- en la manutención de tal estado emotivo. Habitándonos multitudes, se antoja absurdo además pretender satisfacer las ansias de todas las fuerzas (a menudo antagónicas) que nos animan y suspiramos resignados al entrever, tras muchos años de intensos trabajos, que esos raros islotes de alegría -dispersos en un vasto océano de sinsabores- están cada vez más lejos en el horizonte que nuestros sentidos son capaces de delimitar. Y codiciamos una libertad que a lo mejor no merecemos: libertad de credo, libertad de movimiento, de albedrío...

¿Libertad? Estoy convencido que la libertad del ser humano es una lucha individual pero no en solitario, armados todos de Fe y Conocimiento. Sin Fe, la ciencia es estéril juego de reacciones físico-químicas, interacción abstrusa de materia y energía. Sin el Conocimiento, la Fe nos sepulta en una existencia cuasi-medieval, dogmática y oscurantista. Explorar, en cambio, metódica, sistemáticamente las maravillas de la Creación, inspirados y guiados por la Fe en la bondad del Gran Arquitecto, eso hace la diferencia: La lucha por alcanzar la Verdad es como una escalera infinita en que los peldaños están hechos de astillas de Cultura y Conocimiento… Pero es la Fe la que nos impulsa a seguir escalando, una certeza ciega que nos impulsa a no desmayar en la faena interminable de acercarnos a Dios.

Todos aspiramos a vivir en comunidad, una global comunidad que se magnifica día a día gracias a que podemos, a través de recursos tecnológicos, contactarnos los unos a los otros gracias a la acción de apenas pulsar una tecla. Pero todo progreso necesita de una fuerza motriz que le impulse: la Fe proporciona el poder, el Conocimiento orienta el camino. Y la fuente última del Conocimiento es la lectura, lectura buena y abundante, lectura que nos ennoblece porque nos enseña a entendernos mutuamente, a sintonizarnos con finura, definiéndonos con precisión, autenticidad y humildad.

Ojalá y este aporte que hoy brindo con ilusión a todos los lectores de El Salvador contribuya de algún modo a cimentar un hábito de lectura entre mis hermanos, herramienta fundamental para la edificación de un país mejor y más grande. No imagino a un ser humano libre si no ha sido capaz de sembrar en su alma un amor a lo bello y lo bueno. ¿Cómo discriminar entre el ángel y el demonio si nuestros sentidos se adormecen entre tinieblas? Es aborreciendo la ignorancia que somos cada día mejores y la luz que vence a la oscuridad es la palabra, la palabra de millones y millones de seres como nosotros que, en algún momento de sus vidas, aspiraron a dejar en herencia a sus congéneres un trozo de su alma, impreso en renglones, en blanco y negro.


COMENTARIOS Y CRÍTICAS ACERCA DE LA NOVELA “EN EL NOMBRE DE DAVID”, DE HUGO VILLARROEL ABREGO.

MANLIO ARGUETA (Presentación de “En el nombre de David”, enero 2004; El Faro, Andanzas y malandanzas de un escritor novel, febrero 2004):
“[Hugo] es una persona que se inicia en las letras, pero que tiene un gran bagaje cultural… [Esta] Es una novela que requiere un lector cómplice, dispuesto a complicarse con la trama y los saltos de tiempo… El autor domina el lenguaje… Tiene la sensibilidad para vibrar con las situaciones humanas… Reivindica los valores espirituales… Lo más importante es que tiene todo un mundo que es capaz de plasmar por su manejo del idioma y la sensibilidad, es decir, su capacidad de vibrar ante un tema y poder explicarlo…”

GEOVANI GALEAS (Miradas, El Diario de Hoy, febrero 2004; – El Faro, Andanzas y malandanzas de un escritor novel, febrero 2004):
“En estos tiempos, no tenía ni idea que hubiera un novelista de su magnitud…La obra en su conjunto, cuya escritura y trabazón argumental avanza muy controladamente en un tempo andante ma non tropo, ejerce en mí la fascinación que sólo tres o cuatro narradores salvadoreños me han producido... Desconcertado voy descubriendo que algunas páginas parecen dignas de Lezama Lima, de Carpentier y, más todavía, de algunos maestros del arte narrativo europeo del siglo XIX… Aquí existe la invención de un mundo, de un universo entero, como hacen muchos grandes novelistas… No cuenta ni analiza, sino que narra, no explica lo que sucede, narra sin detalles de más o de menos, por lo tanto es una novela mayor…Es un ritmo moroso, no hay prisa. La gran novela no va al grano, disfruta las formas de contar… (Hay) perfección en el manejo de los diálogos y del hilo narrativo... El hecho es desconcertante. O yo he perdido el juicio o estamos ante un inopinado monstruo de la narrativa contemporánea. ‘En el nombre de David’ es el título de esta novela, que aún sigo leyendo enteramente seducido”

MAURICIO MARQUINA (Co-Latino, Suplemento Cultural Tres Mil, abril 2004)
“…Novela de una especie de barroquismo americano, muy creativo, muy personal, cuyo estilo poético nos permite profundizar en la descripción de ambientes y personajes, en un entresijo perfectamente definible. Dueño de un dominio mítico de la prosa, Hugo nos pone a nadar, a sumergirnos en esa vertiginosa natación submarina de su lenguaje, en medio del dramatismo y el oleaje irónico devastador que empapan todo el libro y sobre todo al lector cómplice… Asistimos a la eclosión de una obra que es una mezcla de géneros: novela, poesía, disgresiones filosóficas, repuntes de los resabios míticos, catarsis religiosa y una gran dosis de creatividad…”

RICARDO LINDO (Feria del Libro, San Salvador, Julio 2004):
“Una muy bella novela… Muy ardua, muy densa, muy intensa… Un libro sobre la redención humana que demuestra las bondades de la pluma del Dr. Villarroel… Me parece excepcional el logro, no solo por tratarse de una primera novela, sino [al considerarla] dentro del conjunto de la literatura actual…”

DONALD RODRÍGUE (revista “Explore”, Miami, junio 2004):
“La primera obra de Hugo Villarroel Abrego, En el nombre de David, ha merecido críticas favorables por su compleja narrativa y el hábil uso de los diálogos y los cambios temporales. En el nombre de David es una magnífica obra que rinde tributo a la tenacidad del espíritu humano y su extraordinaria habilidad para contagiar de esperanza a quienes lo rodean”.

COMITÉ EDITORIAL ARTNOVELA EDICIONES (Buenos Aires, Argentina, marzo 2006):
“Lo que a nuestro juicio constituyen los ejes de la trama de En El Nombre de David –la ciudad devastada por el terremoto, la devastación en el campo de batalla y, en el medio, la historia de un hombre que trata de salir de una pesadilla- tiene la contundencia narrativa de las mejores obras de arte. Esta historia, con esos simples elementos y llevada a sus últimas consecuencias constituye un gran hallazgo narrativo… En primer lugar porque ambas circunstancias se hallan conectadas por la devastación. Este elemento, que une ambos espacios narrativos (las ruinas de la ciudad y las trincheras) salta con muchísimo realismo desde el núcleo de la historia hasta el lector. De hecho, aunque la trama se desarrolle en un pueblo chico y tal vez lejano, nada puede resultarle más cercano al que lee en este siglo que ese clima de destrucción y la necesidad imperiosa que tiene un hombre de hallar la salvación. Si la novela se quedara en la superficie de esas dos circunstancias y rodeara los acontecimientos como a veces hace el cine de acción, estaríamos ante un texto pensado al modo de un best seller. Lo que coloca a En El Nombre de David en la órbita de una excelente obra literaria es que el autor ha hallado un vinculante trágico entre ambas situaciones. Las historias no se desarrollan meramente por la existencia de la destrucción. Lo interesante es que allí vive el conflicto. Hay relato porque hay precisamente un proceso de transformación. Un hombre que atravesando uno u otro territorio experimenta un lento crecimiento, un despertar al que asiste paulatinamente (ávidamente incluso) el lector con el placer del descubrimiento. Es decir, el relato resulta muy humano. Es empático, para el que lee, el conflicto de este médico que se ha visto en trance de quitar la vida y que no puede salvar la suya propia. La novela gana fuerza y belleza a partir de este vinculante que es la espiritualidad, la lucha y el conflicto moral por desprenderse del derrumbe hacia otra instancia realmente humana… Gran habilidad para encontrar el detalle, para fijar la mirada en el objeto o circunstancia que por sí solo pone en evidencia, como un símbolo, la tragedia o vicisitud que afrontan los personajes y destaca aquello que será central en toda la novela. Nos pareció un hallazgo en ese sentido que el libro comience con el escenario de la destrucción y el terremoto. No es azaroso que este acontecimiento ponga en primer plano a consideración del lector el desmoronamiento moral que corroe al protagonista. Es la ciudad la que está en ruinas, pero también la contundencia de la fe de David, su vínculo afectivo y social con el mundo que lo rodea y con los seres que pueblan su circunstancia. Por otro lado, los recuerdos del protagonista también se han derrumbado y asistimos a las ruinas de su memoria como a pequeños fragmentos con los cuales se intenta reconstruir un todo que sin embargo nunca acaba de ordenarse y ponerse en pie. En este sentido, es inteligente y hábil el recurso empleado por el autor de incorporar los diarios del personaje, en la medida en que esta herramienta abre muchas posibilidades narrativas relacionadas a la reconstrucción que hará el lector de la memoria de David, como a la propia restauración de la espiritualidad del personaje. Otras focalizaciones de importancia similar son destacables… Por ejemplo, el hecho de que el personaje sea médico. Podría haber sido militar o diplomático. Pero en la medida en que esta es la historia de una curación (espiritual), pone en evidencia el conflicto de un remedio que no llega para David. Es el médico que no puede curarse a sí mismo. Es muy interesante este aspecto de la novela… Una mención especial a las descripciones y focalizaciones relacionadas a aspectos de la pequeña ciudad y de la gente que –sin ser personajes centrales- ambientan la novela en su conjunto. Esas apariciones colaterales (un transeúnte, un joyero, el clima de corrupción e indolencia del gobierno, la picardía del alcalde) constituyen comentarios fotográficos del drama que no requieren aclaraciones. La relación puede ser establecida en forma inmediata por el lector que, inmerso en ese clima, vive y comprende juntamente con el protagonista la magnitud de su tragedia interior en contraste con la abulia y mediocridad imperante… Los diálogos… son en extremo espontáneos y verosímiles, y da la impresión –para el lector que asiste a ellos- de que las voces fueran audibles a pocos metros de distancia. Esas reconstrucciones orales son muy vívidas. Y el motivo, según creemos, es el dominio del habla popular que tiene el autor y que, sin caer en el costumbrismo, el cliché o la grosería, es capaz de dotar de frescura, picardía e intriga a las situaciones que presenta. Todos estos diálogos se leen con extremo placer y –en relación al aspecto de focalización…- afinan sin duda la lente en aspectos de los que después el lector puede ir extrayendo (y experimentando) la sustancia narrativa y el espesor de los personajes”.
IVÁN MIRANDA (San Salvador, septiembre 2005):
"Se dice que cuando de un libro sale una lágrima, una sonrisa o un sentimiento de solidaridad, es porque su objetivo ha sido cumplido. Los sentimientos de solidaridad se logran, cuando el lector, identificado con el personaje o los personajes, se traslada a vivir los pasajes narrados, y no me cabe la menor duda que en cada ser humano, en cada uno de los que hemos tenido la oportunidad de disfrutar su obra, ha surgido desde nuestro interior una porción de ese David que todos llevamos dentro. Le felicito y le invito a que siga adelante, compartiendo con todos esa riqueza y profundidad literaria que le distingue y que le perfila como uno de los grandes escritores salvadoreños".

2 comentarios:

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  2. Anónimo11:37 a. m.

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